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Argentina frente a la transición energética: certezas, desafíos y la apuesta por la confianza


Con más de 7.100 MW de renovables ya operativos y nuevas licitaciones en camino, Argentina avanza en su transición energética, pero aún enfrenta grandes desafíos para cumplir los objetivos establecidos por la Ley 27.191, que exige que al menos el 20?% del consumo eléctrico provenga de fuentes limpias hacia fines de 2025. Actualmente, ese porcentaje ronda el 16?%, lo que deja poco margen para cerrar la brecha en los meses que restan del año.

Este contexto de avances técnicos, pero también de urgencias regulatorias, económicas y de infraestructura, enmarca los debates que tienen lugar en Energyear Argentina 2025, uno de los principales encuentros del sector energético en América Latina. Reuniendo a autoridades, líderes empresariales y expertos internacionales, el evento pone el foco en cómo acelerar inversiones, expandir redes de transmisión y aprovechar oportunidades clave como el almacenamiento en baterías, con el reciente lanzamiento de la licitación AlmaGBA para sumar 500 MW en el AMBA y una inversión prevista de 500 millones de dólares.

Durante el panel inaugural del evento —“Panel de Líderes: Retos de la Argentina para conseguir una matriz energética diversificada”— moderado por el periodista Eduardo Feinmann, los protagonistas del sector analizaron las condiciones políticas, técnicas y financieras que son necesarias para transformar el potencial energético del país en resultados concretos y sostenibles.

El CEO de PCR, Martín Federico Brandi, fue uno de los primeros en plantear una visión clara: la recuperación y expansión del sector energético depende, antes que nada, de un cambio cultural profundo. “Argentina venía regalando la energía hace años”, sentenció Brandi. “El cambio cultural es entender que necesitamos trabajo: fábricas, proyectos, a quién venderle.”

Brandi advirtió que el problema no es exclusivo de las renovables. “Esto lo necesita el país en general”, insistió. La energía no es una excepción, sino una de las claves de una economía que solo podrá crecer sobre bases sólidas: inversión productiva y generación de empleo.

Una ley, un régimen, y una oportunidad

María Tettamanti, actual secretaria de Energía, reforzó esa visión con un mensaje institucional más técnico pero igualmente optimista. “Ya hay condiciones para atraer inversiones: el régimen RIGI, la reforma de leyes como la 17.319 y la 24.076, y los cambios que habilitan exportaciones de gas natural y GNL ya están implementados.”

Tettamanti remarcó que ahora es el turno del sector privado: “El Estado ya puso las reglas claras sobre la mesa. Pero si los inversores no se animan, esto no se transforma en un círculo virtuoso.” Para ella, ese círculo arranca con reglas de juego estables, que generan confianza, que habilitan inversiones, que a su vez elevan los salarios reales. “Y solo con salarios reales más altos, todos los argentinos podrán pagar tarifas energéticas al costo real.”

Energía distribuida: precios sinceros y reglas claras

El debate técnico no tardó en escalar hacia uno de los temas más sensibles y prometedores del ecosistema renovable: la generación distribuida. Tettamanti fue clara: “La clave es dar señales de precios. Nadie va a invertir en autogenerarse si le regalan la energía.”

Argentina cuenta con una Ley Nacional de Energía Distribuida, pero su implementación depende de cada provincia. “El rol del Estado nacional no es dar subsidios específicos, sino garantizar marcos regulatorios y precios sinceros para que cada uno decida según le convenga”, dijo la secretaria.

Sobre la posibilidad de abrir el mercado de comercialización eléctrica, para que cualquier usuario pueda elegir su proveedor, Tettamanti fue cautamente ambiciosa: “Estamos trabajando para incluir la figura del comercializador minorista en una modificación de las leyes 15.336 y 24.065. Hoy hay monopolios por contrato, pero eso se puede revisar al terminar los períodos tarifarios. Lo vamos a impulsar.”

Localización, eficiencia y almacenamiento

Horacio Marín, presidente de YPF, sumó una mirada estratégica al debate técnico: “La eficiencia energética no es solo qué recurso usas, sino dónde lo ubicas.” Para Marín, Argentina debe avanzar hacia esquemas de precios marginales localizados, que valoren la generación cerca del consumo y ayuden a decidir entre ampliar líneas de transmisión o instalar generación distribuida.

Consultado sobre almacenamiento —tanto en baterías como en gas—, Marín fue realista: “Falta mucho para tener plantas virtuales con baterías en Argentina.” Pero el almacenamiento de gas sí tiene futuro, sobre todo en Neuquén y el norte, para exportaciones regionales. “Vamos a necesitar tener capacidad para vender en invierno y no depender siempre de barcos de back-up.”

Riesgo, rentabilidad y credibilidad

La ronda final de preguntas tocó un tema central: la seguridad jurídica y financiera para proyectos a 30 años, en un país históricamente volátil. Esteban Mudarnel, joven empresario del sector fotovoltaico, preguntó cómo ven la inflación y el riesgo país.

Marín respondió desde su experiencia: “Trabajo con estabilidad. Uso REN (Resultados Económicos Netos) para no mezclar política con negocio. Y veo cómo avanza el equipo económico. El mercado no es tonto, y si tienes el mejor recurso, recursos humanos, un buen marco legal y estás 20 centavos abajo de EE. UU., vas a atraer a Shell, ENI y muchos más.”

Brandi sumó una mirada fiscal: “La clave es el superávit. Un país con superávit cumple lo que promete. Si tiene déficit, imprime y deja de cumplir. Esta decisión de tener superávit le da credibilidad a la seguridad jurídica.”

Epílogo: señales claras, cultura nueva

La transición energética argentina no se juega solamente en paneles solares o en tanques de GNL. Se juega en la credibilidad, en la cultura del esfuerzo, y en la capacidad de animarse a invertir con visión de largo plazo.

Como concluyó Tettamanti, “Esto se va a dar naturalmente. La tecnología baja los costos. La gente hace las cuentas. Y cuando ve que le conviene, avanza.”

Argentina parece estar, finalmente, empezando a dar las señales correctas. Ahora, todo dependerá de quién se anime a escuchar —y a apostar.

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