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OCDE: La bioenergía es otra área de oportunidad para el desarrollo de energías renovables en Colombia


El Gobierno de Colombia ha logrado en pocos años una meta ambiciosa: Multiplicar por 26 su capacidad instalada de energía proveniente de fuentes renovables desde 2018. Su clima y geografía permiten la construcción y puesta en marcha de diversos reglamentos (como la Ley de Energía Renovable, la Ley de Transición Energética, la Política de Crecimiento Verde y la Estrategia Nacional de Economía Circular), proyectos que ayuden a descarbonizar su economía y diversificar su matriz energética y subastas de energía renovable (en 2019 y 2021) para impulsar su avance hacia los objetivos climáticos que se han fijado.

 

Los proyectos solares y eólicos así como las oportunidades de desarrollo de la bioenergía han atraído a la nación suramericana diversas inversiones en poco tiempo. En el caso de la bioenergía, Colombia tiene una enorme oportunidad para alcanzar su meta si traza un plan para usar los residuos y desechos de sus actividades agrícolas, industriales y municipales para la producción de energía limpia más allá de las áreas en las que la ha estado empleando hasta ahora (desarrollo de biocombustibles para transporte y el uso de bagazo para cogeneración de electricidad en las industrias de azúcar y palma).

 

El país pudiera usar sus residuos agrícolas, industriales y municipales en otras actividades, pero para esto necesita establecer políticas de innovación y usufructo que promuevan la generación de energía verde a partir de estos, especialmente porque los proyectos relacionados tienen una naturaleza un poco más complicada en la clasificación, tratamiento y cadena de abastecimiento. 

 

Con esto en consideración, el documento Condiciones propicias para el financiamiento y la inversión en bioenergía en Colombia, publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), señala que si el país está interesado en desbloquear su potencial de recursos de bioenergía debe “abrir la puerta a una mayor financiación e inversión en adiciones de bioenergía, particularmente frente a la caída de los precios de la energía solar y la eólica”, lo que “requerirá medidas más específicas para ver niveles similares de compromiso por parte de los desarrolladores de proyectos e inversionistas.” Las posibilidades para los proyectos de bioenergía deben modelarse “en la política del mercado energético, en las regulaciones y en el diseño del mercado de electricidad”. 

 

Esto significa que aún queda pendiente la tarea de reflejar en los planes actuales de expansión energética la Estrategia de Bioeconomía de 2020 así como el potencial tecnológico-económico de las soluciones de bioenergía que concrete las ambiciones estratégicas de política del Estado y el papel que puede tener la bioenergía “a través de energía despachable y disponible 24 horas, para respaldar un mayor despliegue de fuentes de electricidad renovables y variables.” Se necesita, entonces, una guía regulatoria coherente. 

 

Estas regulaciones de acceso al mercado de electricidad deben incentivar la entrada al mercado (para esto podría usarse de ejemplo la experiencia con la cogeneración de caña de azúcar y de aceite de palma) por medio de la creación de un modelo comercial más diáfano. 

 

“El marco sólido de Colombia para la recolección y disposición de desechos puede fortalecerse para promover una mayor clasificación, tratamiento, reciclaje y reutilización de los flujos de desechos, desarrollando las recomendaciones de la adhesión del país a la OCDE”, explica el documento, que añade que “la falta de incentivos en el marco regulatorio actual se suma a los desafíos para el desarrollo de la bioenergía, ya que las tarifas de los rellenos sanitarios son bajas y el marco existente no fomenta vías alternas para el tratamiento de desechos, a pesar de los llamados a reducir la disposición de desechos. El número de actores, autoridades y regulaciones que influyen en la conversión de residuos en energía también dificulta el desarrollo de tales aplicaciones.”

 

Una solución posible es mejorar el acceso a la financiación para bajar los costes de los proyectos de bioenergía con la finalidad de abrir la puerta a todos, particularmente a las pequeñas empresas, que suelen tener una historia crediticia insuficiente para acceder a los préstamos necesarios para concretar sus propuestas. 

 

También podría acompañarse a los prestamistas en un proceso de reeducación para cambiar su percepción sobre este tipo de proyectos y los riesgos que conllevan (el costo de la financiación suele ser alto) y promover acuerdos de microfinanciamiento además de implementar mecanismos de eliminación de riesgos para abordar cada proyecto.

 

“Las acciones recomendadas incluyen el establecimiento de objetivos claros para adiciones de capacidad de bioenergía y planes de mercado de electricidad, al tiempo que se mejora la coordinación institucional para asegurarse que las oportunidades de desarrollo de bioenergía estén claramente reflejadas en las políticas públicas y económicas relacionadas”, se lee en la publicación, 

 

La OECD también recomienda que el gobierno colombiano revise sus estándares de energía renovable, “dado que aún no brindan a los minoristas suficientes incentivos para trabajar con autogeneradores, cogeneradores y consumidores no regulados que podrían aumentar la capacidad general de bioenergía en el mercado.”

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