El sistema energético español entra en una fase decisiva marcada por la flexibilidad y el almacenamiento
La transición energética entra en una fase más compleja y madura, donde el crecimiento ya no es el único objetivo. Así se ha evidenciado en Energyear España, donde el sector ha coincidido en que el reto actual pasa por integrar, optimizar y generar valor en un sistema con alta penetración renovable dada la situación internacional y del sector.
“En un mercado donde ya no hay margen de error, la experiencia y la fiabilidad dejan de ser diferenciales para convertirse en imprescindibles”, afirmaba José Luis Fayos, CEO de Axial Structural Solutions. Una idea compartida también por otros actores del sector como Power Electronics, desde donde se incidía en que “la escala por sí sola ya no es suficiente y la claridad y la ejecución realmente importan”, evidenciando el cambio hacia un mercado más exigente y profesionalizado. En este contexto, Energyear se consolida como un espacio clave para medir la evolución del mercado.
El almacenamiento, protagonista indiscutible
El almacenamiento energético se ha convertido en un elemento estratégico para garantizar la estabilidad y la flexibilidad del sistema eléctrico, permitiendo que la energía generada por fuentes renovables esté disponible incluso cuando el sol no brilla o el viento no sopla. “El almacenamiento ya no es un complemento; es un habilitador clave del sistema”, afirmaba Beatriz Llorente Blanco, Head of Growth Iberia en Sonnedix, durante su intervención en Energyear España. Según Llorente, los sistemas BESS permiten maximizar el valor de la generación renovable, integrar proyectos híbridos y optimizar la operativa en mercados cada vez más dinámicos.
Aun así, el sector reconoce un freno: la regulación. Aunque la tecnología está preparada para cubrir la demanda actual, la falta de claridad normativa ralentiza la expansión de proyectos híbridos y la explotación completa del potencial de los BESS. Llorente subrayó que acelerar los procesos de permisos y reforzar las interconexiones será esencial para consolidar esta fase de la transición energética, donde el almacenamiento deja de ser opcional para convertirse en un pilar del sistema.
Flexibilidad, clave para la rentabilidad
Paloma Sevilla, directora general de Aelec, puso el foco en el papel de la red en este nuevo contexto energético. Durante su intervención, destacó que la red necesita un doble clic: digitalizar para disponer de una mejor visibilidad y poder tomar mejores decisiones, y reforzar para disponer de capacidad donde surge la demanda.
En este escenario, subrayó que la flexibilidad “ayuda y mucho”, pero dejó claro que no puede sustituir las inversiones estructurales necesarias para garantizar el desarrollo del sistema eléctrico.
La flexibilidad y los nuevos modelos de ingresos marcarán el futuro. Fernando de Juan Astray, Head of Origination, Structured and Long Term Products de Axpo señaló que “lo más eficiente para un proyecto de baterías es una cobertura a sus ingresos del arbitraje del mercado diario”, destacando también el valor de los servicios de ajuste.
Ejecución y fiabilidad como diferencial
La digitalización y la gestión de datos ganan peso, pero el factor decisivo es la ejecución. “La fiabilidad ya no es una ventaja, es la base”, afirmaba Marcos Extremiana, Country Manager Spain de Aiko Energy, reflejando la creciente exigencia del sector. En línea con esto, Mónica Ruiz Maus, directora en GNERA Energía, destacaba que “la coordinación del trading y del centro de control en un mismo agente permite optimizar operaciones y aprovechar mejor las oportunidades del mercado”, subrayando cómo la ejecución y la consistencia operativa se han convertido en diferenciales estratégicos.
Una transición que entra en su fase decisiva
En conjunto, las conclusiones que deja Energyear apuntan a una transformación estructural del sistema energético. El futuro ya no se mide en capacidad instalada, sino en la capacidad de gestionar la complejidad, integrar soluciones y generar valor sostenible.
El sector avanza así hacia un modelo más profesionalizado, donde la colaboración, la innovación y la adaptación continua serán determinantes para afrontar una transición energética que ya no es una expectativa, sino una realidad en marcha.





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