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España emerge como laboratorio energético para Europa: liderazgo en renovables, rezago en redes


La electricidad en España es hoy más barata que en la mayoría de los países europeos. Según un nuevo informe de la consultora energética Ember, el rápido despliegue de energía solar y eólica ha permitido que el mercado eléctrico español se desligue del gas mucho más rápido que en otras economías dependientes de los combustibles fósiles, situando a España entre los líderes de la transición energética en Europa.

En el primer semestre de 2025, los precios mayoristas de la electricidad en España fueron un 32% inferiores a la media de la UE y al menos un 30% más bajos que en grandes economías con fuerte dependencia del gas, como Italia o Alemania. El contraste con la situación previa es enorme: en 2019, antes de la crisis del gas y del boom renovable, España figuraba entre los países con la electricidad más cara de Europa.

El gas pierde peso en el precio de la luz

La clave de este vuelco está en la creciente penetración de las renovables. A pesar de contar con la tercera flota de centrales de gas más grande de Europa (28 GW, solo por detrás de Italia y Alemania), España es donde el gas tiene menos influencia sobre los precios eléctricos.

En los mercados mayoristas europeos, el generador más caro —habitualmente una central de gas o carbón— fija el precio de la electricidad. Pero cuando la eólica y la solar producen lo suficiente, desplazan a estas tecnologías fósiles. En España, ese desplazamiento ya ocurre la mayoría de los días: en 2019, el gas o el carbón marcaban el precio el 75% de las horas; en 2025, solo lo hacen el 19%.

El resultado se muestra por sí solo: el precio medio de la electricidad en España (62 €/MWh en la primera mitad de 2025) quedó muy por debajo del coste de generar con gas (111 €/MWh de media en ese mismo periodo).

Un boom renovable sin precedentes en Europa

Entre 2019 y 2025, España duplicó su capacidad eólica y solar, añadiendo más de 40 GW, el mayor incremento de toda la UE después de Alemania, cuyo mercado es el doble de grande. Gracias a ello, estas tecnologías cubrieron ya el 46% de la demanda eléctrica nacional en el primer semestre de 2025, frente al 27% en 2019.

La transformación ha relegado a los combustibles fósiles. El carbón desapareció del sistema en agosto de 2025, cuando se registró el primer mes sin generación de carbón en la historia reciente del país. El gas, por su parte, cubrió solo el 19% de la demanda en la primera mitad del año, frente al 26% en 2019. En contraste, Alemania sigue obteniendo el 41% de su electricidad de combustibles fósiles, Italia el 43% y Países Bajos el 48%.

Así, entre 2020 y 2024, España evitó importar 26.000 millones de metros cúbicos de gas, lo que equivaldría a una factura de 13.500 millones de euros.

El apagón de 2025 revela la cara oculta: una red frágil y dependiente del gas

Pero el éxito tiene un reverso. El informe de Ember subraya que el apagón ibérico de abril de 2025 fue un aviso. Aunque las renovables abaratan la electricidad, la red española no está preparada para gestionarlas de forma segura sin apoyo del gas.

Tras el incidente, el operador del sistema adoptó un enfoque más conservador, recurriendo a más centrales de gas para garantizar el control de tensión y la estabilidad. Esa decisión disparó la restricción de renovables (energía limpia que se desperdicia porque la red no puede absorberla), que pasó del 0,4% en 2021 al 7,2% en mayo-julio de 2025.

El resultado ha sido costoso. En mayo, el uso de gas en servicios de red se duplicó respecto al año anterior, encareciendo los costes de equilibrio hasta representar el 57% del precio final de la electricidad, frente al 14% previo al apagón.

España ha invertido mucho en nuevas plantas solares y eólicas, pero muy poco en redes y flexibilidad. Según Bloomberg, entre 2019 y 2024 gastó apenas 30 céntimos en red por cada euro en renovables, frente a los 70 céntimos de media europea.

El país tampoco cuenta todavía con compensadores síncronos, dispositivos clave para estabilizar la red sin combustibles fósiles, mientras que el Reino Unido ya opera una docena de ellos. Y aunque la capacidad de almacenamiento en baterías empieza a crecer (340 MW instalados y 2.600 MW anunciados), sigue siendo modesta para el cuarto mayor mercado eléctrico de Europa.

El Gobierno reaccionó tras el apagón con un paquete de reformas que, aunque inicialmente bloqueado en el Parlamento, se está aplicando por otras vías. Entre ellas, destaca la autorización de ocho compensadores síncronos con una inversión de 750 millones de euros, que podrían ahorrar 200 millones anuales al reducir la dependencia del gas para el control de tensión.

También se ha acelerado el despliegue de baterías y se han desbloqueado proyectos de interconexión, como el del Golfo de Vizcaya, respaldado por el Banco Europeo de Inversiones.

España, modelo y advertencia para Europa

El informe de Ember concluye que la experiencia española ofrece una doble lección para Europa:

  • Con suficiente solar y eólica, es posible abaratar de forma sostenida la electricidad y reducir la dependencia del gas.

  • Pero si la inversión en redes y flexibilidad no acompaña, los costes ocultos de mantener el sistema pueden dispararse.

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