La IEA alerta sobre eslabones débiles en las cadenas de suministro de baterías, vehículos eléctricos y energías renovables
Las cadenas de suministro de las principales tecnologías energéticas, como baterías, paneles solares o coches eléctricos, siguen siendo altamente vulnerables y dependientes de pocos países, especialmente China. Así lo concluye el informe Energy Technology Perspectives 2026 (ETP-2026), publicado por la Agencia Internacional de la Energía (IEA).
El análisis subraya que, pese al crecimiento acelerado de estas tecnologías, existe al menos un “eslabón débil” en cada cadena de suministro clave, lo que podría poner en riesgo la seguridad económica y energética global ante posibles interrupciones.
Dependencia crítica de China
Según el informe, la fabricación de tecnologías energéticas limpias sigue concentrada geográficamente. China domina entre el 60% y el 85% de la capacidad de producción en distintas etapas de la cadena de valor, y sus exportaciones superaron los 165.000 millones de dólares en 2025, cerca del 15% de su superávit comercial total.
Además, la IEA advierte que esta situación difícilmente cambiará antes de 2030, incluso teniendo en cuenta los proyectos industriales ya anunciados a nivel global.
Un solo fallo puede afectar a toda la cadena
Por primera vez, el informe incorpora un análisis de seguridad denominado “N-1”, que evalúa qué ocurriría si el principal proveedor global desapareciera. Aunque en algunas fases finales de producción otros países podrían cubrir gran parte de la demanda, todas las cadenas presentan al menos un punto crítico en el que menos del 25% de la demanda podría satisfacerse sin el principal productor.
Esto implica que una interrupción en un único eslabón podría afectar a toda la cadena de suministro.
Impacto económico de posibles interrupciones
La AIE cuantifica las consecuencias de estos riesgos. Una interrupción de un mes en las exportaciones chinas de baterías provocaría una caída de unos 17.000 millones de dólares en la producción de vehículos eléctricos fuera de China, afectando especialmente a la Unión Europea.
En el caso de la energía solar, una interrupción similar reduciría en aproximadamente 1.000 millones de dólares la producción mensual de módulos fotovoltaicos fuera de China, con el sudeste asiático e India como las regiones más afectadas.
El director ejecutivo de la IEA, Fatih Birol, señala que estas tecnologías “ya no son nichos, sino pilares de la economía global”, y advierte de que su mercado podría duplicarse en la próxima década. Por ello, insiste en la necesidad de diversificar la producción y fortalecer la competitividad industrial.
Un mercado en plena expansión
El informe estima que, con las políticas actuales, el mercado global de tecnologías energéticas pasará de casi 1,2 billones de dólares hoy a unos 2 billones en 2035. Si se implementan todas las políticas anunciadas, podría alcanzar los 3 billones de dólares, equiparando el tamaño del mercado petrolero actual.
También se observa crecimiento en tecnologías emergentes. La inversión en hidrógeno de bajas emisiones aumentó un 80% en 2025, mientras que la captura, uso y almacenamiento de carbono (CCUS) avanza, aunque muchos proyectos aún no han tomado decisión final de inversión.
Tras una caída en 2024, el comercio global de tecnologías energéticas creció alrededor de un 10% en 2025, a pesar de la bajada de precios en algunos productos. La IEA destaca que el comercio internacional seguirá siendo fundamental para el desarrollo del sector.
El informe concluye que mejorar la competitividad industrial es clave para reducir riesgos. En el caso de las baterías, la eficiencia productiva y la automatización explican más del 40% de la ventaja de costes de China frente a Europa.
En otras tecnologías, como las palas eólicas o los componentes solares, factores como el coste de la energía y la mano de obra representan hasta el 75% de las diferencias de costes.
En industrias intensivas en energía, como el acero o el aluminio, estos costes pueden superar dos tercios del total. En este contexto, la AIE señala que el acceso a energías renovables baratas podría permitir que tecnologías como el acero basado en hidrógeno compitan con los métodos tradicionales en grandes mercados como Estados Unidos, China e India.





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