La reeleción de Emmanuel Macron representa un crecimiento de la energía nuclear en Francia, como medida para diversificar su matriz energética
La última semana de abril, Emmanuel Macron fue reelecto para un segundo periodo presidencial en Francia, lo cual -al margen de otros temas- representa la continuidad de una política pro energías limpias en oposición a la propuesta extractivista de petróleo y otros hidrocarburos de su rival, Marine Le Pen, actividad más que criticada en los últimos años, durante los cuales el mundo -en general- está virando hacia la reducción del uso del petróleo y gas en beneficio del uso de electricidad de origen verde, meta agudizada por el encarecimiento y escasez de hidrocarburos generados luego de la invasión rusa a Ucrania.
La reciente campaña electoral francesa se centró, entre varias cosas, en la admiración de Le Pen hacia Vladimir Putin y en los señalamientos a la posición proPutin de la política gala, quien, en palabras de Macron, depende del poder y el petróleo de Rusia, nación que financió parte de su carrera electoral, lo cual -a juicio de muchos- quedó patente cuando Le Pen declaró “no estoy de acuerdo con el bloqueo a la importación de gas y petróleo desde Rusia. Eso hará mucho daño al pueblo francés. No nos podemos hacer un harakiri”, durante la campaña. Que Macron haya hecho a Francia menos dependiente del gas y petróleo soviéticos a lo largo de su primer mandato, mediante la promoción de energías verdes y la multiplicación de centrales nucleares, ayudó a que la balanza se inclinara a su favor.
Macron, quien en febrero de este año anunció la construcción de seis nuevos reactores nucleares EPR2 para 2050, de mano de EDF, así como la posibilidad de estudiar la construcción de ocho reactores adicionales y prolongar la vida del mayor número posible de plantas en funcionamiento, demostró desde que inició la guerra en Ucrania que su apuesta por las nucleares es la correcta.
La multiplicación de plantas de uranio (más rápida, baratas, eficientes, confiables y amigables con el medioambiente si se gestionan correctamente) es un buen camino a seguir. Francia obtiene aproximadamente 70 % de su energía eléctrica de fuentes termonucleares (generada por 45 plantas activas) en la actualidad.
Para Macron, “ha llegado el momento del renacimiento nuclear”, puesto en evidencia desde el inicio de la ofensiva rusa. Ya que el gas, el petróleo y el carbón generan cerca de dos tercios de los gases de efecto invernadero (GEI) del mundo y una de cada cinco muertes globales, es prioritario sustituir estos por un modelo de producción eléctrica de origen nuclear y renovable, con preferencia por la nuclear de acuerdo a expertos, quienes aseguran que las renovables tienen una capacidad de generación limitada y dependen en gran medida de las condiciones climatológicas.
La Comisión Europea (CE) parece apoyar esto, puesto que clasificó la energía nuclear como “verde”, también en febrero de este año, al considerarla tan necesaria para la transición energética y para alcanzar las metas del Acuerdo de París 2015 como las energías renovables. Muchos estudios técnicos han demostrado que la energía nuclear es tan verde y segura como las energías renovables.
Aunque Francia, Bulgaria, Croacia, Finlandia, Rumania, Eslovenia, República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia, en Europa; China, y Estados Unidos, Argentina, Brasil y México, en América, apuestan a las nucleares, aún queda atender y resolver sus principales dificultades (y el origen de las críticas y aversión que muchos sienten por esta energía): su emisión, aunque baja, de dióxido de sulfuro y dióxido de nitrógeno que genera lluvia ácida; solo ahorraría 6 % de las emisiones de CO2, aún triplicando la capacidad nuclear actual (lo cual es insuficiente para cumplir con las metas climáticas); la extracción de uranio produce daños medioambientales; los reactores pueden ser objeto de ataques militares, terroristas o sufrir accidentes con consecuencias desastrosas; su producción de residuos altamente contaminantes por siglos y de difícil manejo, para los cuales todavía no se ha planteado una solución técnica que los complazca a todos, y el alto costo que tiene construir y poner en marcha una central nuclear (tan solo el plan de Macron representaría EUR50 mil millones en inversiones).





Comentarios
Sé el primero en comentar...