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Brasil recurre a la importación de energía de Argentina y Uruguay producto de la sequía


Brasil enfrenta la peor sequía en décadas, un fenómeno cada vez más frecuente, influido por la deforestación en la Amazonía, entre otros factores, y que pone en jaque la matriz eléctrica del país, basada mayoritariamente en hidroeléctricas.

La sequía se concentra en las regiones sureste y centro-oeste del país, responsables de la generación de cerca del 70 % de la energía consumida en el país. Esta sequía ha reducido drásticamente el nivel de los embalses que alimentan las hidroeléctricas de esas dos regiones.

A finales de mayo estaban en torno al 30 % de su capacidad, el nivel más bajo desde 2001 para esa época del año, y, según los pronósticos más optimistas del Operador Nacional del Sistema Eléctrico (ONS), llegarán al 10 % en noviembre.

La situación es preocupante en la cuenca del río Paraná, que en Brasil engloba los estados de Minas Gerais, Goiás, Mato Grosso do Sul, Sao Paulo y Paraná, los cuales están en “alerta por emergencia hídrica”, una declaración inédita en los 111 años de historia del Sistema Nacional de Meteorología.

Para evitar problemas de suministro, los órganos reguladores han aumentado las tarifas al poner en funcionamiento centrales termoeléctricas, más caras y contaminantes, pues generan energía a partir de la combustión de carbón o diesel. También se está importando energía de Argentina y, en menor parte, de Uruguay, entre otras medidas.

 

 

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