Integración arquitectónica temprana, base del éxito para la instalación solar vertical
En España, el sol primero encontró su espacio en los tejados. Allí, sobre las cubiertas, nació el gran escenario del autoconsumo: superficies abiertas al cielo que hoy reúnen casi medio millón de instalaciones solares residenciales y una potencia acumulada de 2.281 MW hasta finales de 2024, según la Asociación de Empresas de Energías Renovables (APPA).
Pero la luz no entiende de fronteras y empieza a descender por los muros, así los balcones y fachadas se transforman en superficies activas, capaces de producir energía en vertical.
El fenómeno, ya popular en países como Alemania, sigue evolucionando en España. Un movimiento urbano que invita a repensar las ciudades, aunque aún rodeado de preguntas técnicas, constructivas y normativas que marcarán su desarrollo.
Review Energy conversó con Lorenzo Olivieri, investigador del Instituto de Energía Solar y profesor del Departamento de Construcción y Tecnología Arquitectónicas de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la UPM, y con Nuria Martín Chivelet, investigadora física de la Unidad de Energía Solar Fotovoltaica (CIEMAT), especialista en integración fotovoltaica en arquitectura, para entender los retos, oportunidades y perspectivas de la energía solar en vertical.
Retos de construcción y normativos
Olivieri señala que la integración fotovoltaica en fachadas no es nueva, con ejemplos pioneros en España desde finales de los noventa, como la Biblioteca Pública Pompeu Fabra de Mataró (1998) o la fachada del Museo de la Ciencia y la Técnica de Cataluña (MNACTEC), inaugurada en 2001.
Sin embargo, advierte que la complejidad de estos proyectos va más allá de la producción eléctrica: “No se trata solo de generar energía, sino de atender al comportamiento térmico, lumínico, estético y estructural de la envolvente del edificio”.
El investigador de la UPM apunta que los kits para balcones han crecido en popularidad, pero que presentan vacíos regulatorios: “En la práctica, me temo que la mayoría de los kits plug and play se instalan sin sistema antivertido y sin registrarse, lo que supone una situación anómala, una especie de zona gris de generación distribuida informal”. A su juicio, esta falta de control podría afectar la planificación energética y generar inequidades frente a quienes cumplen con todos los requisitos administrativos.
Más allá de la eficiencia, también entran en juego factores como la estética y la seguridad. Para dar luz sobre este tema, Olivieri pone sobre la mesa una propuesta clara: apostar por la integración fotovoltaica en el diseño arquitectónico desde la fase inicial de los proyectos, tanto en obra nueva como en rehabilitación. “Si los generadores fotovoltaicos se integraran desde el principio en la envolvente, no sería tan necesario recurrir a kits colgantes en balcones”, sostiene.
El experto señala que cuando imparte clases a estudiantes de arquitectura intenta fomentar la idea de que “ningún proyecto se desarrolle sin explorar las posibilidades de integrar generación fotovoltaica en la envolvente, siempre que la disponibilidad del recurso solar lo haga técnicamente viable. Actualmente, en el mercado existe toda una serie de materiales constructivos fotovoltaicos que permiten integrar generación solar no solo en cubierta, que sigue siendo lo más habitual, sino prácticamente en cualquier elemento o solución constructiva de fachada: muros cortina, fachadas ventiladas, sistemas de aislamiento térmico por el exterior, acristalamientos, protecciones solares, barandillas, etc”.
Olivieri destaca que, “si se promueven estas integraciones profesionales en la envolvente, con todas las garantías de calidad funcional y estética, los usuarios no tendrían que recurrir a kits auto-instalables que, en muchos casos, deterioran la estética del entorno habitado y pueden generar rechazo”.
Eficiencia energética
El potencial de ahorro energético es uno de los principales atractivos de esta tecnología. Según el experto, un kit estándar de 800 W instalado en vertical puede cubrir entre el 22% y el 33% del consumo medio anual de un hogar en España. “Son porcentajes de ahorro significativos, difíciles de alcanzar con otras medidas tan rápidas y relativamente sencillas”, afirma.
En cuanto al impacto económico, destaca que depende de la evolución de los precios de la electricidad: “En 2024 el ahorro anual de un kit rondaba entre 77 y 115 euros, pero en 2022, con precios mucho más altos, se habría duplicado”.
Por su parte, Martín Chivelet añade que la superficie reducida de los balcones limita la potencia a instalar, pero resalta que “cada vez hay más interés por estas soluciones domésticas, vistas como una opción rentable por los usuarios”.
¿Moda pasajera o cambio estructural?
Para Olivieri, los balcones solares no son una moda, sino una respuesta ciudadana a preocupaciones reales: reducir costes, disminuir la dependencia de la red y aportar a la transición energética. “Creo que el ahorro económico es el motor principal, pero también hay un deseo creciente de participar activamente en la transición energética”, afirma.
Por su parte, la investigadora del CIEMAT destaca la importancia de la colaboración interdisciplinaria para consolidar esta tendencia: “Siempre interesa que haya buena coordinación entre el sector de la construcción, el fotovoltaico, las administraciones y los usuarios. Los estudios sociológicos ayudan a entender resistencias y barreras, y son clave para que no sea solo una iniciativa individual, sino una transformación colectiva”.
Una oportunidad para repensar la ciudad
Ambos expertos coinciden en que los balcones solares representan solo una pieza del puzzle. La verdadera oportunidad está en integrar la generación distribuida en la planificación urbana, apoyada en incentivos, normativa clara y diseños arquitectónicos innovadores.
Olivieri recuerda las palabras de Ursula von der Leyen sobre la Nueva Bauhaus Europea: “Debemos conciliar estilo y sostenibilidad”. Y concluye: “Los sistemas fotovoltaicos integrados en arquitectura permiten exactamente eso. Promovámoslos”.





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