Japón apuesta por la agrivoltaica
En la prefectura de Shiba, en Japón, hay una pequeña granja (parte de la empresa emergente Chiba Ecological Energy Inc.) donde se cultivan berenjenas, gengibre y otras especies típicas de la comida nipona, propiedad de Takeshi Magami, quien hace andar su granja con 2.826 paneles solares colocados sobre la héctarea de extensión de sus cultivos y que suministran casi toda la energía que la finca necesita para funcionar (con la ventaja adicional de que Magami puede vender el excedente de energía solar a terceros).
Esta dinámica es un ejemplo de lo que instalar soluciones solares fotovoltaicas en las granjas puede hacer no solo para el medioambiente sino también para la economía (vender la electricidad sobrante le representa a Magami ingresos extras de 187 mil dólares al año). Las haciendas que se sostienen en energía solar pueden electrificar y automatizar todos los pasos de la agricultura mientras crean un modelo de agricultura sostenible, forman parte de un movimiento global llamado “agrivoltaico” o “agrosolar”, basado en el uso compartido de energía solar y que representa una alternativa eficiente en países con espacios limitados y dependientes de la compra de energía, como Japón, y zonas con entornos de cultivo hostiles, especialmente las afectadas por el cambio climático.
En Japón, con capacidades limitadas para instalar facilidades de energía renovable debido a su orografía, el gobierno fijó el objetivo de que su mix energético se nutra entre 36 % y 38 % de fuentes renovables en 2030, de los que la energía solar representará entre 14 % y 16 %, aunque -a pesar de que instalaciones solares han aumentado en los últimos años- el país sigue necesitando más espacios para los paneles fotovoltaicos, por lo que el gobierno está estudiando la posibilidad de instalar paneles en techos, líneas ferroviarias, aeropuertos y las tierras agrícolas, de acuerdo con el Instituto de Políticas Energéticas Sostenibles de Tokio.
A pesar de que Japón se apuntó a los objetivos climáticos de 2030 y que protitpos como la granja de Magami han probado ser exitosos, la nación aún necesita más zonas agrícolas para uso agrovoltaico y, para 2020 apenas había aprobado 742 hectáreas para uso agrovoltaico, de las 4,4 millones de hectáreas disponibles, según el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca japonés.
Una de las principales oposiciones que el modelo agrovoltaico enfrenta en el país asiático es que sus agricultores son de avanzada edad y sus sucesores (quienes los tienen) no están dispuestos a invertir en los paneles solares necesarios que son caros y tardan años en generar ganancias; además, podrían entorpecer la dinámica rural ya que los postes de las celdas fotovoltaicas estorban el paso de las maquinarias agrícolas. Que “arruinan” el paisaje es otra de las oposiciones comunes a la instalación de facilidades solares en zonas agrarias.
Se calcula que Japón necesita instalar paneles solares en 5 % de sus tierras cultivables para generar 20 % de la energía que necesita el país y alcanzar la neutralidad en carbón para 2050. Otros países asiáticos ya han adoptado la energía solar compartida, como Corea del Sur que incluyó la instalación de 10GW de capacidad agrivoltaica en su plan de Energía Renovable 2030, o Taiwán, que está buscando espacios para la instalación de energías verdes. También naciones como China, que ya puso en marcha el sistema agrovoltaico más grande del mundo: un proyecto de 20 millones de metros cuadrados de tierra en el desierto de Ningxia.





Comentarios
Sé el primero en comentar...