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La meta de Chile de cerrar todas sus plantas a carbón en 2025 genera controversia


La Cámara de Diputados del país aprobó en junio un proyecto de ley que prohíbe la instalación y operación de centrales termoeléctricas a carbón en todo Chile para 2025. Este proyecto de ley aún debe ser aprobado por el Senado, pero genera algunas dudas, como por ejemplo: la generación eléctrica del país no sería estable y el carbón tendría que ser reemplazado por diésel. Este proyecto de ley se adelanta a la meta inicial que era cerrar todas las centrales de carbón del país para 2040. 

Así, mientras en un principio se planteó cerrar ocho centrales para 2024 y las restantes 20 para 2040, ahora con las modificaciones se espera que para 2025 hayan cesado sus operaciones el 65% de las plantas.

“Es una irresponsabilidad lo que se aprobó en la Cámara de Diputados, porque no se consideraron las recomendaciones técnicas ni los estudios de fondo”, dice Álvaro Lorca, académico de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Católica. “Sólo se hizo un análisis de ‘servilleta’ sumando los megawatts, pero eso no es suficiente”, agregó. Según el analista, no se trata de no cerrar las plantas a carbón, si no de hacerlo de una forma correcta. “Para ello se necesitan muchas inversiones, y si se hace como está planteado en el proyecto todos vamos a terminar pagándolas porque no somos un país rico”. 

En Chile se han puesto en funcionamiento nuevas instalaciones renovables que suman a la matriz energética, energía limpia. Sin embargo, lo que se ha desarrollado no es suficiente para reemplazar la electricidad producida a carbón. La matriz total de generación eléctrica de Chile son 25 mil MW, de los cuales el 25% es generado por fuentes de energía renovables, especialmente solar y eólica. 

“Estimamos que si el 100% de las centrales a carbón se retiran al 2025, es probable que tengamos la electricidad que necesitemos, al borde del racionamiento; pero para conseguir eso tendremos que prender los motores a diésel, que son tanto o más contaminantes que el carbón, y que además son mucho más caros”, dicen desde el Ministerio de Energía.

Carolina Urmeneta, jefa de la oficina de cambio climático del ministerio del Medio Ambiente, concuerda con el análisis. “Nos preocupa que cambiemos un combustible fósil por otro”, asegura.

Cerrar todas las plantas a carbón para 2025 es un desafío ambicioso, pero no imposible, dice Felipe Pino, abogado de la ONG Fima y encargado del proyecto de transición justa. “Pero no sólo debe incluir la seguridad, sino también la soberanía energética”.

Felipe Pino resalta que actualmente Chile genera más electricidad de la que necesita y exporta la diferencia. Es por ello que de reducir las exportaciones, Chile podría lograr un cierre anticipado de las centrales a carbón, sostiene. Sin embargo, “ello no se ha profundizado lo suficiente por parte del gobierno”. Agrega que además en el país hay “pobreza energética”, es decir, que el suministro no llega a todas las personas por igual. Asegurarlo y asegurar también la transición justa es lo que falta para tener un verdadero plan de descarbonización. 

Si bien el plan de descarbonización fue actualizado incluyendo el factor pandemia, y aún así sigue siendo posible para 2050, de todas maneras existen incertidumbres, reconoce Carolina Urmeneta del Ministerio de Energía. “Lo ideal es poder ir reforzando las medidas más costo-efectivas y adecuando las acciones”, asegura. Pero todo debe ser realizado con miras a la gran meta de mediados de siglo.

 

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