ACEA pide un giro en la política energética para salvar la transición del transporte
La inestabilidad en Oriente Medio y la volatilidad de los mercados energéticos mundiales están reforzando la necesidad de acelerar la transición hacia fuentes de energía alternativas en el transporte por carretera, según el sector automovilístico europeo.
La situación actual también pone el foco en la importancia de un marco político tecnológicamente neutro que permita convertir el transporte por carretera con cero emisiones en la opción más atractiva y económicamente viable tanto para consumidores como para empresas.
Sigrid de Vries, directora general de la ACEA, señala que “una estrategia de descarbonización tecnológicamente neutra que incorpore la electrificación y los combustibles renovables es esencial”. Añade que esta estrategia es clave para “salvaguardar la resiliencia de Europa, proteger a los consumidores de las fluctuaciones de precios y suministro, y lograr una transición exitosa hacia una movilidad climáticamente neutra”.
La crisis actual pone de relieve dos ámbitos de actuación prioritarios. En primer lugar, los responsables políticos deben reducir el coste de la electricidad utilizada para la recarga de vehículos, con el objetivo de que sea la fuente de energía más asequible. Para ello, se apunta a la necesidad de revisar la Directiva de fiscalidad energética de la UE y los impuestos y tasas nacionales, con el fin de garantizar precios más accesibles y estables.
En segundo lugar, se subraya la importancia de incentivar los combustibles renovables. El sector señala que las medidas a corto plazo para reducir precios de combustibles deberían tener en cuenta su contenido de carbono, de forma que a mayor proporción de combustibles renovables, mayor sea el alivio en el precio.
La crisis del petróleo ya está teniendo algunos efectos en el mercado automovilístico, con un aumento de la demanda de vehículos eléctricos de segunda mano en algunos países. Sin embargo, aún no se confirma un impacto directo en las matriculaciones de vehículos eléctricos nuevos, cuyo crecimiento reciente se atribuye principalmente a incentivos fiscales y programas nacionales previos.
Los fabricantes europeos mantienen su compromiso con la descarbonización, con una oferta que supera los 250 modelos de coches eléctricos, 50 de furgonetas, 50 camiones de cero emisiones y 25 autobuses.





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