La electrificación de la economía: Principal vía de descarbonización de las ciudades y generación de competitividad empresarial
Las ciudades presentan cinco objetivos climáticos fundamentales, y la electrificación es la única forma de cumplir todos a la vez, porque además es la única tecnología con cero emisiones.
Estos objetivos son: reducción de gases de efecto invernadero, mejora de la calidad del aire, aumento del uso de energías renovables, eficiencia energética y contribución a la mejora de la balanza comercial.
La electrificación no solo es la mejor vía para descarbonizar las ciudades, sino también para generar competitividad en nuestras empresas e industrias, y ahorro a los ciudadanos, que necesitan precios energéticos estables y predecibles, a la vez que son dotados de pleno control sobre su demanda energética y consumos.
España importa cerca de dos tercios de su consumo de energía primaria, lo que la convierte en un país con una gran dependencia energética. En escenarios como los experimentados en 2021 y 2022, los costes energéticos se dispararían nuevamente debido a la actual dependencia de los combustibles fósiles. Por el contrario, vivimos en uno de los países europeos con más horas anuales de sol y somos pioneros en el desarrollo de generación renovable y redes de distribución inteligentes. En un país como España, que cuenta con sol, viento y agua, tenemos todos los ingredientes para reducir estas emisiones y equilibrar la dependencia energética del exterior.
Aunque vamos por el buen camino, todavía hay un recorrido enorme para la electrificación de la economía. Solo un 22% del consumo de energía final es eléctrico; el resto todavía es fósil. No obstante, desde Iberdrola somos realistas y sabemos que no se puede electrificar la economía de la noche a la mañana. El enfoque debe ser gradual hasta 2030, 2050 y más allá.
En cuanto a las tecnologías que estamos implementando para la electrificación de la economía, trabajamos en tres ámbitos principales, responsables en gran medida de la reducción de emisiones de gases contaminantes a nivel global: transporte, edificios y flexibilidad en la demanda (autoconsumo, almacenamiento y monitorización).
En el transporte, impulsamos el vehículo eléctrico desde hace una década, el cual requiere una cuarta parte del consumo energético que cualquier combustible fósil. Contamos con la red de recarga pública más amplia de España, con más de 9.200 puntos de recarga disponibles. Además, impulsamos la movilidad en ámbitos intensivos como los taxis y VTCs mediante soluciones personalizadas y tarifas de recarga en nuestra red pública. También trabajamos en sectores como el transporte urbano o de mercancías, donde hace años no era viable económicamente. Hoy tenemos casos como el de la EMT de Madrid, con un 20% de flota electrificada y planes de ampliación a corto plazo.
En el sector de la edificación, la principal vía de impulso es la electrificación del calor. Un 80% de los edificios que tendremos en 2050 ya están construidos y tienen bajas calificaciones energéticas, por lo que hay que eficientarlos y rehabilitarlos incorporando soluciones como la bomba de calor, que es cuatro veces más eficiente que una caldera 2 convencional. En obra nueva ya se está incorporando en la mayoría de viviendas junto al aislamiento térmico y el autoconsumo fotovoltaico.
En cuanto a la flexibilidad de la demanda, el autoconsumo fotovoltaico es fundamental porque el kWh más barato es el que no se consume. No solo el autoconsumo al uso, sino también el autoconsumo colectivo o comunidades solares facilita el acceso a quienes vivimos en pisos sin cubierta propia. Destacamos un proyecto recientemente inaugurado en Molins de Rei junto a Schneider Electric donde una fábrica se ha convertido en una Fábrica Cero CO2 gracias a una microgrid. Ha conseguido un ahorro energético del 24% en los últimos años e incorpora autoconsumo, gestión energética, puntos de recarga y un sistema de baterías que incrementa la resiliencia del conjunto.
Por último, las medidas de ahorro energético implantadas desde 2023 son susceptibles de certificación y venta de Certificados de Ahorro Energético (CAEs), lo cual implica un ingreso adicional para las empresas a través de la monetización de los ahorros energéticos generados. Esto contribuye a una reducción aún mayor de los plazos de retorno de las inversiones.
Al igual que el siglo XIX fue el del carbón y el siglo XX el del petróleo y el gas natural, el siglo XXI es el de la electricidad.
Escribe: Alberto Vítora López Product Manager Smart Cities de Iberdrola





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