Las redes se convierten en el principal cuello de botella de la transición energética mundial
La expansión de las energías renovables está trasladando el principal desafío de la transición energética desde la construcción de nueva capacidad de generación hacia la infraestructura necesaria para integrarla en los sistemas eléctricos. Las redes, el almacenamiento y la flexibilidad se han convertido en elementos críticos para avanzar en la transformación del sector energético mundial, según el World Energy Trilemma 2026 del World Energy Council (WEC).
El informe señala que los líderes energéticos consultados en todas las regiones identificaron las redes y la integración del sistema como la principal restricción para las transiciones energéticas. El desafío, por tanto, ya no consiste únicamente en instalar más capacidad solar y eólica, sino en garantizar que los sistemas puedan transportar, almacenar y gestionar esa nueva generación.
Esta transformación obliga a prestar mayor atención a la transmisión, la distribución, el almacenamiento y las distintas fuentes de flexibilidad, necesarias para integrar una participación creciente de recursos renovables variables y mantener al mismo tiempo la seguridad y resiliencia de los sistemas.
De la generación a la integración
El WEC identifica un cambio en el centro de gravedad de la transición energética. Tras años en los que buena parte de los esfuerzos se concentraron en aumentar la capacidad de generación limpia, el cuello de botella se está desplazando hacia las redes, el almacenamiento, la flexibilidad, los mercados, las cadenas de suministro y la integración del sistema.
La electrificación de nuevos usos energéticos añade presión a esta transformación. A medida que aumenta la demanda de electricidad y se incorporan nuevas cargas, los sistemas necesitan infraestructura capaz de responder tanto al crecimiento del consumo como a una generación cada vez más descentralizada y variable.
En este contexto, el informe advierte de que retrasar las inversiones en redes puede hacer que la transición sea más difícil y costosa, al limitar la capacidad para conectar nueva generación, responder al crecimiento de la demanda y aprovechar de manera eficiente los recursos disponibles.
Las redes pasan así de desempeñar principalmente una función de soporte a convertirse en una infraestructura estratégica para el desarrollo del nuevo sistema energético.
Almacenamiento y flexibilidad ganan protagonismo
El almacenamiento aparece como otro de los componentes centrales de esta nueva etapa. Su expansión permite gestionar mejor la variabilidad de la generación renovable, desplazar energía entre diferentes momentos y aportar flexibilidad al sistema.
Sin embargo, el WEC plantea que la respuesta no depende exclusivamente de instalar más baterías. La transformación requiere combinar redes más robustas, almacenamiento, gestión de la demanda, mercados adaptados a las nuevas necesidades y otras herramientas de flexibilidad.
El informe sitúa precisamente el rediseño de los mercados frente a las realidades actuales del sistema entre los principales dilemas que deberán gestionar gobiernos, reguladores y empresas durante los próximos años.
La digitalización también adquiere mayor relevancia a medida que aumenta la complejidad de los sistemas eléctricos y la necesidad de coordinar generación, redes, almacenamiento y demanda.
Un desafío común en todas las regiones
Aunque las condiciones de partida y las prioridades varían entre mercados, las redes y la integración aparecen como un desafío transversal en todas las regiones analizadas por el World Energy Council.
En América Latina y el Caribe, el informe identifica además desafíos relacionados con la continuidad de las políticas y la confianza de los inversores, junto con restricciones de transmisión y dificultades para transformar el elevado potencial de recursos energéticos de la región en nueva infraestructura.
El documento también apunta a una tensión más amplia entre la velocidad de la transición y la capacidad de las instituciones, los mercados y las infraestructuras para acompañarla. El crecimiento de las renovables, la electrificación y la aparición de nuevas fuentes de demanda obligan a que la planificación energética vaya más allá de la cantidad de nueva generación instalada.
Para el WEC, esta nueva fase requiere una visión más integrada del sistema energético. Construir más capacidad solar y eólica seguirá siendo necesario, pero su impacto dependerá cada vez más de disponer de redes, almacenamiento y flexibilidad suficientes para conectarla, gestionarla y llevar la electricidad hasta los centros de consumo.





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