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Efectivos de la UME realizando quemas de ensanche en Asturias para consolidar el perímetro | Fuente X: @UMEgob

Apagar antes de que arda: la biomasa como escudo contra los incendios


Por Paola Pedraza

España enfrenta una ola de incendios sin precedentes que ha devorado más de 400.000 hectáreas hasta mediados de agosto, casi la misma superficie que se quemó en todo 2022.
Galicia, Extremadura y Castilla y León son solo algunas de las regiones afectadas por el abrasador avance del fuego, un fenómeno que, según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), convierte al 2025 en el año más devastador por extensión de áreas quemadas. 
 

 Fuente: EFFIS- Copernicus 

En medio de la impotencia y la incredulidad, surgen rumores: algunos grupos han difundido bulos sobre empresas que supuestamente incendian terrenos para construir parques de energía renovable. La realidad, sin embargo, es otra: la magnitud de estos incendios refleja un problema estructural que exige soluciones inteligentes y sostenibles. 

La biomasa como aliada contra el fuego  

En medio de este devastador escenario, la biomasa forestal aparece como una aliada silenciosa. Más que una fuente de energía renovable es una herramienta estratégica contra el fuego. Su aprovechamiento permite limpiar los montes, eliminar árboles muertos y restos vegetales, reduciendo la cantidad de combustible disponible para los incendios y disminuyendo su intensidad. Pero la biomasa no solo protege; también aporta: diversifica la matriz energética, genera energía de respaldo, mejora la calidad del aire, impulsa la economía rural y fomenta la economía circular. 

En entrevista con Review Energy, David Bonilla, ingeniero forestal y experto en energías renovables, resaltó la importancia de la gestión oportuna de los recursos biomásicos como pieza fundamental en la prevención de incendios. “Cortar es necesario, cortar es gestionar”. Según explica Bonilla, en España las cortas de madera están por debajo del crecimiento anual, lo que significa que cada año se acumula más combustible en los bosques. Esa falta de gestión convierte a los montes en “carne de cañón para que haya incendios forestales”. 

Datos y proyecciones del sector 

 

Según APPA Renovables, la biomasa representa el 6% de la energía final consumida en España y el 48% del mix renovable, con un papel destacado en generación térmica y transporte. Entre 2014 y 2019, la potencia instalada alcanzó 857 MW de biomasa y 588 MW de residuos, generando 5,3 TWh.  

Fuente: APPA Renovables

 El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC 2023-2030) proyecta que, para finales de la década, la biomasa podría producir casi 10.050 GWh, contribuyendo a reducir emisiones, mitigar el cambio climático y prevenir incendios, con un impacto económico estimado de 769 millones de euros. 

Prevención vs extinción 

Más allá de los beneficios económicos y energéticos que proyecta el PNIEC, el verdadero reto está en cómo se gestiona el monte. Bonilla advierte de un desequilibrio clave: “invertimos muchísimo en apagar fuegos y bastante poco en prevención”. La Estrategia Forestal Española 2022-2032 contempla 2.625 millones de euros, pero más de la mitad está destinada a coordinación en la extinción y no a labores preventivas, cuando justamente el manejo forestal y la biomasa podrían reducir el riesgo de grandes incendios antes de que se produzcan. 

Barreras y soluciones regulatorias 

A pesar de su potencial, la biomasa todavía camina con pies de barro. La escasez de incentivos, la falta de mano de obra cualificada y un marco regulatorio insuficiente frenan su desarrollo. Para cambiar esta realidad, en marzode 2025, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) inició el trámite de un Proyecto de Real Decreto que regula la producción energética a partir de biomasa, estableciendo criterios de sostenibilidad, reducción de emisiones, limitación de potencia y el principio de uso en cascada. 

Bonilla insiste en que el problema no es solo normativo, sino también estructural: “el 70% de la propiedad forestal es privada y si no se utiliza, no se gestiona”. A esto se suma la despoblación rural, que reduce la mano de obra y genera abandono de tierras, agravando la acumulación de material combustible. 

Iniciativas locales: Málaga como ejemplo 

Además, recientemente, y en respuesta a esta oleada de incendios, la Diputación de Málaga ha dado un paso firme: casi 16 millones de euros se destinan a calderas y redes de calor en edificios públicos, a la construcción de centros de tratamiento de restos forestales y a la extracción de más de 562 toneladas de madera para biomasa en montes de El Burgo y Yunquera. Todo pensado para limpiar los bosques y convertir los residuos forestales en energía, un círculo virtuoso que protege, calienta y genera empleo. La preservación activa, con técnicas como el clareo controlado, reduce la densidad de árboles y la carga de combustible vegetal, aumentando la resiliencia frente al fuego. 

Este tipo de proyectos encajan en la bioeconomia: el uso de recursos forestales como motor de gestión y desarrollo local. “Si tú lo utilizas, lo gestionas”, resume el experto, insistiendo en que, sin gente en el territorio, los bosques se abandonan y se convierten en un riesgo. 

El plan no se queda en un territorio: se extenderá a la Serranía de Ronda y los valles del Genal y Guadiaro mediante los proyectos +BERDeS y Convive, con inversiones de casi 7,4 millones de euros. Francisco Salado, presidente de la Diputación, se suma a las declaraciones del ingeniero, enfatizando: “Limpiar los montes, aprovechar los restos forestales y usar la biomasa como energía no es solo una estrategia ambiental; es un acto de prevención, de economía circular y de cuidado de nuestro futuro frente a incendios cada vez más devastadores”. 

La coordinación entre administraciones, la inversión adecuada y el compromiso colectivo son elementos esenciales para proteger nuestros bosques y garantizar su resiliencia frente al fuego, y la experiencia demuestra que una estrategia que combine prevención, uso responsable de la biomasa y políticas públicas sólidas tiene el poder de transformar el panorama de los incendios en España. Como subraya el ingenieroforestal, “hablar de despoblación rural, de cambio climático y de mayor inversión es clave; necesitamos que comunidades, profesionales y ciudadanos trabajen juntos para que los montes de España sean seguros y sostenibles”.  

 

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