La energía eólica añadirá su segundo teravatio de capacidad en solo siete años
El mercado mundial de energía eólica afronta una década de expansión sin precedentes, de acuerdo con la actualización trimestral de perspectivas publicada por Wood Mackenzie. El análisis anticipa que la capacidad global alcanzará los 170 GW al cierre de 2025, con más de 70 GW previstos solo en el cuarto trimestre, un volumen que superaría por sí solo las adiciones anuales de cualquier ejercicio anterior a 2020.
El informe también destaca que la industria está preparada para sumar su segundo teravatio de capacidad en 2030, apenas siete años después de haber alcanzado el primero en 2023. A modo de comparación, el sector necesitó 23 años para completar el primer teravatio.
Las proyecciones muestran una mejora intertrimestral del 13 %, atribuida principalmente al fuerte crecimiento de la eólica terrestre en China. En términos globales, se espera que la capacidad instalada se duplique en 2032 respecto a los niveles de 2024. Excluyendo a China, la acumulada alcanzará 1 TW en 2031 y se duplicará para 2034.
El peso de China en el nuevo mapa eólico
Uno de los ejes del pronóstico es el protagonismo cada vez mayor de China. “El dominio de China en la industria eólica es cada vez más pronunciado”, afirmó Sasha Bond-Smith, analista de investigación de Wood Mackenzie. La demanda de electrificación y el auge de los centros de datos han impulsado significativamente las previsiones para la eólica terrestre, consolidando su rentabilidad frente a la solar en mercados liberalizados.
No obstante, el panorama no es homogéneo. El sector eólico marino en China enfrenta fuertes tensiones por el uso del espacio marítimo, lo que ha retrasado proyectos en marcha y generado incertidumbre en los plazos de construcción. Aun así, el repunte de la eólica terrestre posiciona al país para igualar la producción solar durante el periodo de previsión, fortaleciendo su papel en la transición energética.
EEUU pierde impulso tras el fin de los incentivos fiscales
El mercado estadounidense, en contraste, atraviesa un momento de incertidumbre. La aprobación en julio de 2025 de la Ley One Big Beautiful Bill (OBBBA) ha desencadenado una reestructuración que elimina los créditos fiscales a partir de 2027. Esta decisión ha acelerado los proyectos en el corto plazo, pero al mismo tiempo ha debilitado las perspectivas a futuro, situando al país por debajo de India y Alemania en las adiciones previstas a 10 años.
Este cambio obliga a los desarrolladores a replantearse la viabilidad de los proyectos, con un enfoque más marcado en los fundamentos del mercado, la demanda eléctrica y la competencia con otras tecnologías.
Eólica terrestre estable, offshore en dificultades
Fuera de China y EE. UU., el panorama global refleja estabilidad en la energía eólica terrestre, con crecimiento sostenido en Europa, Asia-Pacífico y mercados emergentes. Las licitaciones y la sólida cartera de proyectos mantienen el dinamismo, aunque el menor desarrollo del hidrógeno verde sigue limitando la expansión a mayor escala.
En cambio, la eólica marina enfrenta retos significativos. Los altos costes y las licitaciones fallidas han frenado su desarrollo en diversas regiones, mientras que en Europa crece la presión política para mejorar los marcos contractuales. En mercados emergentes, las dificultades financieras y técnicas continúan retrasando las fechas de entrada en operación.
Una industria en transformación
“La transformación más significativa de la industria eólica en décadas continúa en desarrollo”, señaló Kárys Prado, analista sénior de Wood Mackenzie. “Desde la primera turbina a escala de MW en 1941 hasta 16 GW en 2000, y luego 1 TW en 2023, ahora avanzamos rápidamente hacia los 2 TW para 2030. Si bien se alcanzará una escala histórica, el éxito dependerá de la eficacia con la que la industria se adapte a esta nueva geografía de crecimiento y a la evolución del panorama político”.
Con estos pronósticos, el sector eólico confirma su papel central en la transición energética global, aunque su futuro inmediato estará marcado tanto por la solidez del crecimiento chino como por la capacidad de otros mercados de sortear la incertidumbre política y económica.








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